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viernes, 12 de febrero de 2010

Folk Songs, de Berio


Durante toda la historia, la música clásica ha tomado influencias de la música popular. Hace mucho tiempo, durante el siglo XIX y los anteriores, lo normal era que un compositor cogiera cualquier cancioncilla que escuchara por ahí, la armonizara y bueno, con eso construyera una pieza musical. Un día, de adolescente, me colé en una clase de musicología, en la que un estudiante planteaba un análisis del requiem de Mozart identificando la fuente original de cada una de las melodías que ahí aparecen, y resultó que no hay ni siquiera una melodía escrita por Mozart.

El caso es que a principios del s.XX, a los compositores se les ocurrió decir que la música tradicional no debía ser fuente de melodías para la música de concierto. Todo esto ocurrió más o menos cuando los compositores empezaron a dejar de utilizar melodías bonitas y dejaron de darle importancia a la melodía, que coincide más o menos en el tiempo con el nacimiento del dodecafonismo y todo eso. Schoenberg, Webern... No tanto, sin embargo Berg, que sí utiliza melodías de corte tradicional. Podemos escuchar una, sin ir más lejos, en el concierto para violín, por ejemplo.

El problema, sin embargo nos lo trajo Adorno, un filósofo que estaba totalmente en contra de la música popular, y que trataba de demostrar que la música contemporanea debe ser una vanguardia real y por tanto debe ser música de minorías y tal y cual y que como contemporánea debía ser más o menos ininteligible y que no podía beber de otras fuentes y tal. Eso hizo que muchos le siguieran y comenzaran a hacer música cada vez más compleja. Stockhaussen o Boulez, cuando desarrollaron el serialismo integral, no buscaban, desde luego el goce estético. También es cierto, que hubo muchos intereses económicos y que Boulez era un tipo muy inteligente, y que gracias a esa música y a sus técnicas de márketing se compró (o por lo menos eso dicen) un ferrari con 25 años. Pero también algo que ver tuvo Adorno. Y por supuesto, el nacimiento de la música grabada. No es lo mismo desprestigiar una música tradicional como puede ser el flamenco, que desprestigiar una música popular, como puede ser (sin ánimo de ofender) el pop. El principal problema es que lo que hasta el principio de siglo XX había sido música tradicional y punto, durante el siglo XX se dividió en dos. La música tradicional, en muchos casos en vías de extinción por un lado, y la música popular, en constante involución, por otro. Y esta última que puede englobar al Rock, al Pop, o al Hip Hop, por ejemplo es la que criticaba Adorno.

Sin embargo, aunque es bien cierto que mucha gente, ¡Falla sin ir más lejos! hacía buen uso de esta música tradicional, otra mucha gente la eludía. Tampoco se puede obligar a nadie a usar lo que no le apetece. Y cuando Boulez, a través de los cursos de Darmstadt tomó el control de la música de corte clásico a todo el mundo parece que le dió miedo tomar ese material folcklórico.

Fue entonces cuando un puñado de compositores redescubrieron, por decirlo así, la música tradicional. También es cierto que trataron de volver a traer a la gente a la sala de conciertos, y que les daban un poco igual las teorías adornianas. Ligeti utilizaba melodías populares, los americanos, sin duda también y a Berio se le ocurrió hacer un conjunto de piezas folcklóricas, donde versionaba 11 melodías de países del mundo. Generalmente de discos que se había comprado en sus viajes o que le habían regalado. Estas son las Folk Songs. Aunque en un primer momento las escribió para un pequeño conjunto instrumental con cantante solista, después decidió arreglarlas para orquesta (con mezzo-soprano solista también). En todo momento, Berio quiso mantener el caracter popular. Por eso pide a la soprano que cante sin impostar la voz, aunque muy pocas lo consigen. También el uso instrumental que hace es evocador en cualquier caso.

Entre las once piezas, hay dos que me gustan especialmente. La tercera y la última.

La tercera se llama Loosin Yelav. Es una canción Armenia. Es una canción muy triste, pero a la vez muy bonita. Lo más curioso del asunto es que el arreglo de Berio es prácticamente inexistente. La voz canta exactamente la misma melodía que en la versión popular, y el acompañamiento es exactamente igual. Solo añade algunos instrumentos al final de cada sección y mete un acorde disonante que no viene al caso.

Aquí os dejo una versión de la canción original por Vânia Bastos.



La última de las canciones es Azerbaiana. Es una canción de amor, lo que me viene muy bien, porque el próximo domingo es San Valentín. Lo más gracioso de esa última canción es que en la versión original no tenía letra. Venía en un disco que le había regalado a Luciano Berio un amigo, y era un tema solamente instrumental. Sin embargo, a Berio le gustaba y quería incluirlo. Así que, cuentan que su mujer se inventó una letra compuesta sólamente de fonemas, sin conocer una sola letra de azerbaiano, claro está. Su mujer era la cantante Cathy Berberian, y sería ella quien estrenaría el ciclo completo. También la que canta, ya muy mayor en esta grabación.


Y nada más.
Hasta la semana que viene!

viernes, 24 de abril de 2009

Sinfonía, de Berio


Hoy me toca hablar de Luciano Berio. Éste era un tipo bastante peculiar. Le tocó vivir la década de los 60, donde todo eran revoluciones. Estudiantiles, musicales, culturales... y claro, él lo vivió todo de manera intensa. Aunque no le pilló precisamente en la flor de la vida. Había nacido en 1925, y para cuando llegaron los 60 ya tenía 35 años. Pero claro, tenía dinero y algo de prestigio, y eso ayuda.

Como era buen compositor, estuvo bastante vinculado a los círculos de Darmstadt, y es considerado como uno de los principales representantes de la vanguardia no serial de postguerra (post 2ª guerra mundial, no sea que haya alguna mala interpretación)

La sinfonía la escribió en 1968. En realidad ya antes, en 1966, creo, había escrito el "Oh, King", para orquesta y cinco cantantes, en el que hacía un homenaje a Martin Luther king, que había muerto asesinado, como todos sabréis. El caso es que no sé si antes de escribir este movimiento, o justo después, un alumno suyo viajó a Roma. En Roma se compró un CD de un grupo vocal que se dedicaba a hacer versiones vocales de piezas famosas. No sé si ya se llamaban "The swingle singers" o aún se llamaban "The double six". De alguna manera, a Berio se le ocurrió que quizá pudiera trabajar con ellos, y el grupo vocal estuvo de acuerdo. Así fue como más o menos surgió la posibilidad de hacer una sinfonía para ocho cantantes solistas y orquesta. Cuando uno ve esta sinfonía en directo, los cantantes están sentados, en semicírculo, delante de la orquesta, y cantan con micrófono.

Quizás, de toda la sinfonía, el movimiento más famoso es el que ocupa la sección central. Es el más conocido y también es el que funciona como eje vertebral. Es el más largo y el más llamativo. Los demás funcionan un poco como marco de este movimiento. (Y aquí alguien podrá discutirme, pero yo le discutiré lo contrario después, y así nos enzarzaremos en uns discusión infinita.)

El caso es que para este tercer movimiento, Berio decidió recoger una cantidad inmensa de material musical que le había influído y hacer una especie de homenaje a sus compositores favoritos. Primero tomó el tercer movimiento de la segunda sinfonía de Mahler. "In ruhig fliessender Bewegung" creo que se llamaba. Este movimiento funcina como colchón sobre el que se desarrolla la música. Mantiene el nombre también. Por encima de este movimiento, comienza a citar todas esas músicas que le han gustado y le han forjado como músico. Es decir, comienzan a sonar fragmentos de otras piezas. Estos fragmentos pueden hacernos recordar con mayor o menor facilidad la música de la que está tomado y pueden recordarmos a la música de manera melódica, pero también algunas veces tímbrica, rítmica... Aparece música de Schömberg, Bach, Beethoven, Berlioz, Ravel, Mahler, Boulez, Debussy, Stravinsky, Strauss, Berg algunos más, y también se cita a sí mismo. Pero siempre tenemos como fondo este movimiento de la segunda sinfonía de Mahler.

Para el texto utilizó un procedimiento similar. Lo que pasa es que de literatura ando bastante más flojo en conocimientos que de música, por lo que no he podido identificar tantas citas, pero dicen las fuentes que trata "El innombrable" de Becket, de la misma manera que el movimiento de la sinfonía de Mahler, es decir, como colchón. Por encima, utiliza pintadas del Mayo del 68, utiliza textos de Levi-Strauss, utiliza también apuntes de sus clases de solfeo, cosillas que escuchaba al pasar y más cosas. Pero todo esto en recitado. Cuando los cantantes cantan, sólo solfean con el nombre de las notas.

Formalmente, la sinfonía funciona más o menos como su sinfonía base, que siempre está sustentando la estructura. Por otra parte, es bastante rica en instrumentación. Aparece un piano, un clave, un teclado electrónico, aparece saxofón, un elevado elenco de percusión y por supuesto, la orquesta completa, además de los ocho cantantes amplificados. También hay partes del texto que varían de una interpretación a otra, como comentar el resto del programa del concierto en cuestión, o agradecer al director, por su nombre al final del movimiento.

Esta sinfonía abrió las puertas a las citas. Un procedimiento que se hizo muy popular después de esta sinfonía. Si bien ya se venía utilizando anteriormente, el éxito de "Sinfonía" hizo que muchos compositores se decidieran a utilizar la cita y el collage como procedimiento para crear nueva música. Procedimiento que, dicho sea de paso, llevaba de capa caída desde el clasicismo.

Schnittke, Crumb, Zimmermann, Tan Dum... quizá le deban a Berio más de lo que parece.

En youtube hay colgada una buena versión del tercer movimiento de sinfonía, es esta:



Y no puedo evitar recomendaros una canción cantada por Swingle singers: Joshua fought the battle of Jericho

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