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viernes, 15 de enero de 2010

La Flauta mágica, de Mozart




La Flauta mágica era la ópera que estaba escribiendo Mozart cuando el barón zu Stuppach le pidió que escribiera el requiem. Aunque fue su última ópera, esto no le impido realizar algunas innovaciones. Por ejemplo escribir todo el libreto en alemán. Por entonces, la costumbre era escoger libretos en italiano. Nadie sabe muy bien por qué, pero por entonces se suponía que una ópera debía estar escrita en italiano. Todas las demás óperas de Mozart, como "Las bodas de Fígaro", "Don Giovanni" o "Cosi fan tutte" están escritas en este idioma.

El argumento de La Flauta mágica es uno de los argumentos más complicados que conozco. Nunca he conseguido entenderlo completamente y hay miles de cosas que se me escapan. De hecho he leído el guión varias veces e incluso participé de una representación en el Generalife en el año 2000. Pero ni por esas, no consigo enterarme de qué va. Más o menos La Flauta Mágica cuenta la historia de un chaval que se llamaba Tamino, que estaba un día en el bosque, y entonces se encuentra con una serpiente gigante que se lo quiere comer, y se asusta mucho, se adentra corriendo en el bosque y se pierde. Sin darse cuenta se mete en el territorio de "La reina de la noche". Esta le dice que un hombre malo que se llama Sarastro tiene secuestrada a su hija y que si consigue liberarla se podrán casar. Le enseña un retrato y Sarastro se enamora de ella, por lo que realiza un viaje para liberar a la muchacha.
Resulta que cuando la encuentra, Tamino descubre que en verdad Sarastro es el padre de Pamina, que así se llama la muchacha y también descubre que la reina de la noche es en realidad una mujer muy mala, que ella y Sarastro estuvieron casados, pero que ahora viven separados y que tienen una especie de problema de custodia. Eso lo descubrimos porque la Reina le dice a su hija que debe matar a Sarastro, que ya que está con él que coja un cuchillo de cristal y le mate.
Evidentemente, la hija no le hace mucho caso y al final todos son felices cuando la reina y todo su séquito se mueren, La tierra se abre de repente y se los traga a todos.

Por otra parte, la Flauta mágica está contada como un cuento y tiene muchos elementos mágicos y de humor. De alguna manera aparece un personaje que, si bien no tiene gran cosa que ver con la trama, ayuda a que la ópera sea más divertida y tenga algunos momentos memorables. Se trata de Papageno. Papageno es un pajarero que hace el papel de amigo del protagonista que es así un poco tontito. En todos los cuentos modernos que se llevan al cine hay un personaje que cumple ese papel. En Schrek está Asno, en Cars está Mate, etc. El caso es que en la Flauta Mágica tenemos a Papageno que nos propicia algunos momentos divertidos. Como trama secundaria de la ópera tenemos a Tamino y a Papageno que deben superar tres pruebas para poder entrar en el mundo de Sarastro, que es una especie de "rey de la luz" por contraposición a la Reina de la noche. A Papageno le prometen una Papagena si supera las pruebas y a Tamino le prometen dejarle quedarse allí con Pamina, de la que está enamorado desde que vió la foto. El caso es que Tamino consigue superar todas las pruebas pero Papageno no, y es por eso que, cuando se ve por el resto de su vida sin su media naranja decide suicidarse. Pero es en ese momento cuando, tres geniecillos que aparecen en la ópera de vez en cuando, le dicen que tiene un carrillón mágico, que le había dado la Reina de la noche al principio de la ópera para que la utilizara si tenía algún peligro cuando fuera a buscar a Pamina , y que, bueno, antes de suicidarse podría tocarlo a ver que pasa. Papageno toca el carrillón y aparece Papagena y entonces hacen planos para tener muchos Papagenitos y muchas Papagenitas. Esta es quizá la escena más mítica de la ópera, si obviamos el super-aria de la Reina de la noche diciéndole a Pamina que mate a Sarastro, aria hiper-famosa, y que hace a la soprano llegar a la nota más alta que se haya escrito en una ópera de repertorio. Claro que todas desafinan ese Fa. Es lo que tiene...

¿Y qué más? Estaréis pensando que muy bien, pero que de donde le viene el título... Este título viene una flauta mágica que tiene Tamino, que se la ha dado la Reina de la noche y que sirve para cambiar el estado de ánimo de las personas. La utiliza, por ejemplo cuando encuentra a Pamina por primera vez y ahora resulta que un esclavo negro está tratando de conseguir determinados favores de la muchacha y en fin, molestándola. Como hay una pila de esclavos que trabajan para Monostatos, este les dice que apresen a los recien llegados, por lo que Tamino toca la flauta y ahora los esclavos ya no son hostiles sino que se ponen a bailar.

La opera entera está plagada de símbolos masónicos. Nadie se ha dedicado aún a encontrarlos todos y publicarlos en algún sitio. Y si alguien lo ha hecho, esa información no me ha llegado aún. Yo me imagino que todas las pruebas que tienen que superar Tamino y Papageno para entrar en el mundo de la sabiduría, pues harán referencia a las que hay que superar para entrar en la masonería. El tema de guardar silencio, por ejemplo. Se le da mucha importancia también al número 3. Tres son las alteraciones de la flauta mágica, por ejemplo, que está en LaM. También son tres las damas que salvan a Tamino de una muerte por mordedura de serpiente, los genios, las puertas que se encuentra Tamino cuando llega al mundo de la luz, las pruebas que tienen que superar, y si me apuráis, hasta las palabras de que consta el título.

viernes, 21 de noviembre de 2008

El requiem, de Mozart


Cuenta la película de Milos Forman que a Mozart le mató Salieri. Eso no es cierto. Lo que la película de Milos Forman “Amadeus” cuenta es que Salieri, loco de remate en un manicomio, dijo que él había matado a Mozart. Y eso es verdad.

Mozart, antes de morir, estaba vivo. Pero no vivía muy bien. Estaba rodeado de deudas por todas partes. Una tarde, estaba jugando con su hijo, que era pequeño, cuando llamaron a la puerta: abrió y se encontró a un tipo, todo vestido de gris, que le dijo que escribiera un réquiem. No había nadie por allí que transcribiera la conversación, así que no sabemos lo que dijeron exactamente, pero la leyenda cuenta más o menos que Mozart le preguntó al tipo vestido de gris que para quién era el réquiem, y el tipo de gris no le quiso contestar. Le dijo que él solo era un emisario y que cuanto cobraba. Parece ser que Mozart, que estaba rodeado de deudas por todas partes le dijo la primera cifra que se le vino a la cabeza, que debió ser muy alta, y el tipo vestido de gris se la sacó del bolsillo (o de la faltriquera, ve tú a saber). Le dijo: Aquí tienes esto para que empieces. Te pagaré otro tanto cuando la termines.

Poco tardó Mozart en gastarse el dinero, como solía hacer, en mujeres, vino y demás, por lo que se volvió a rodear de deudas por todas partes. Pero eso no es lo que nos interesa ahora. Mozart empezó a sospechar. ¿Por qué el misterioso hombre no le había dicho para quién era el encargo? ¿Por qué el misterioso hombre vestía de gris? ¿Por qué el misterioso hombre le había pagado todo lo que había pedido y le había prometido más cuando terminara? ¿Por qué no había regateado en el precio? Total, que Mozart se pensó lo peor. Este –se dijo- es la mima muerte personificada, que me encarga un réquiem para mi propia muerte, seguro, no puede ser otra cosa. Es la única explicación posible.

Total que se le empezó a ir la cabeza con eso y a punto estuvo de rechazar el encargo. Pensaría, si no escribo mi réquiem, no podré morir. Pero allí estaba su mujer para decirle: Tú, escribe, que el dinero no nace en una pecera!

En realidad, el hombre vestido de gris, era un emisario del barón Zu Stupach (o algo así) que tenía la costumbre de encargar obras a compositores famosos, que luego copiaba de su puño y letra, y decía que eran suyas. En este caso, quería regalar un réquiem a su recientemente fallecida esposa, y pensó: se lo pido a Mozart, le doy lo que me pida y todos contentos. La humanidad pensará que soy un genio y Mozart no se muere de hambre.

Claro, no podía decirle a Mozart que era para él, porque entonces el otro sospecharía algo y tomaría medidas.

Por su parte, Mozart fue retrasando el encargo cada vez más. Había escrito los dos primeros números, la parte coral de la zona central y estaba empezando a orquestar el lacrimosa, (por el compás 8 se quedó) cuando la muerte se le acercó por detrás y le dijo:
-Ea, ya he esperado bastante. Ámonos.

Y ahí se quedó la cosa. La viuda de Mozart, totalmente apenada, porque se había quedado sin marido y sin un duro. La ciudad de Viena como que no se enteró mucho, porque el día que Mozart se murió hacía un frío de los mil demonios y estaba todo el mundo en su casa al lado de la estufa. Y el Zu Stuppach o como se llamara, debió de pensar algo así como: ¿Y ahora que hago yo sin réquiem?

Total. Que decidió presionar un poco a la mujer, para ver si a ésta se le ocurría algo. La mujer, que como ya dijimos no tenía un duro, habló con los alumnos que Mozart tenía y les pidió que lo acabaran para así cobrar ella el encargo. Y de los alumnos, Sussmayer se consideró capaz de terminar lo que Mozart había empezado (al fin y al cabo, él les había comentado como iba la cosa) y así lo hizo. (Bueno, antes que Sussmayer, lo intentó otro tipo, pero no lo terminó)

Así que se terminó el réquiem y se cobró el encargo.

¿Y por qué sabemos hoy que eso lo escribió Mozart y no el otro barón? Pues por dos razones. Primero, por que Mozart, que escribía muy deprisa, tenía la costumbre de realizar dos copias de todo lo que hacía, y mandarle una a su editor. Aunque no lo tuviera terminado. Y segundo, porque, antes de darle la partitura al barón, entre los alumnos de Mozart, hicieron un concierto benéfico (para la viuda) con el réquiem. Y ya se enteró todo el mundo.

Si el barón terminó su osadía, o al final pasó, es algo que no sé.

viernes, 24 de octubre de 2008

Sinfonía nº25, de Mozart


Mozart tenía 17 años cuando escribió esta sinfonía. Además, en sólo dos días. Aunque no sabemos si fue un farol que se quiso tirar el chaval. Parece ser que terminó la sinfonía 24 el 3 de Octubre del 73, y la 25 el 5 de Octubre. Pero ya os digo, bien pudo tener las dos escritas y soltarlas así para quedarse con el personal (yo lo hubiera hecho). De todas maneras no hay que sentirse mal por ello (por lo de que tuviera 17 años cuando escribió la sinfonía); primero, porque en aquélla época se maduraba antes que ahora -de hecho, Wolfgang tenía un puesto de trabajo fijo desde los 14 años- y segundo, porque Mozart era un genio. Sin embargo, hay gente que opina que la sinfonía aún no puede considerarse “genial” y que la primera obra genial de Mozart es un concierto para piano y orquesta, que escribió con 21 años, aunque si se demuestra que efectivamente escribió los cuatro movimientos en dos días, habría que replanteárselo.

Total, que esta sinfonía es muy bonita. O al menos así me lo parece a mí. Y tiene algunas cosas que la hacen especial. Por ejemplo, la tonalidad. Está en Sol m. Mozart sólo escribió dos sinfonías en esta tonalidad. La 25 y la 40 (la archiconocida Mib Re Re, Mib Re Re, Mib Re Re Sib). De hecho, si le preguntáis a alguien por la sinfonía en Sol m de Mozart, sin duda os remitirá a la 40. Pero nos estamos alejando del tema. Esto de utilizar tonalidades menores, era una clara influencia del “Sturm und Drang” algo así como "Tormenta e impulso", si quisiéramos hacer una traducción al español. Era una corriente que estaba empezando a tomar fuerza por Europa, y que trataba de primar las sensaciones primarias por encima de la lógica cerebral, típica del barroco. Es decir, hablar de sentimientos. Todo esto desembocará en el romanticismo, donde las turbulencias ya alcanzan dimensiones cósmicas, y nos podremos encontrar a un Mahler que nos mete de golpe una banda militar porque su niñera estaba liada con un militar y se lo llevaba al cuartel cuando era pequeño (y por más cosas, claro).

El caso es que Mozart había tomado contacto con esta corriente en los numerosos viajes que hizo por Europa, primero presentado como niño prodigio por su padre y posteriormente en solitario, para presentar su música o para tocar en alguna corte. Como bien sabréis, por esta época fue cuando sin saber muy bien cómo, Mozart pasó a estar al servicio del Arzobispo Colloredo, (bueno, él sí sabía como, pero no tengo ganas de contarlo aquí, primero porque el que no lo sabe soy yo, aunque me imagino que Colloredo pasaría a sustituir al arzobispo que hubiera antes, y segundo porque no tiene nada que ver con música) que dejó de ver con buenos ojos que el chaval se fuera tanto de viaje por ahí, y entonces empezaron los problemas, que si yo quiero ser más independiente, que si tu te quedas en Salzburgo, que si ahora me voy porque no necesito de tu mísero sueldo, que si vale vete, pero que sepas que te vas a morir de hambre, que si muy bien pues ahora me voy…

Al final se murió de hambre, pero estuvo bien lo que hizo, porque sirvió para liberar al músico. (Beethoven no hubiera existido si Mozart se hubiera quedado en Salzburgo), y también sirvió para liberarse él, para conocer mejor lo que se hacía fuera de Salzburgo, para convertirse en un genio de verdad, para enamorarse... el efecto mariposa, vaya.

La forma de la sinfonía es aún plenamente clásica. Un primer movimiento en forma sonata, un andante, un minueto y un allegro. Hablaría aquí de forma, que si el tema A está en Sol m, el tema B en Sib M, el desarrollo, la reexposición, pero creo que aburriría un poco. Sobre todo a los que sin ser músicos se acerquen aquí.

En fin, que eso es lo que hay. Antes he dicho que se murió de hambre. En realidad era una forma de hablar. No se sabe de qué murió en verdad. Incluso he leído que recientes investigaciones musicológicas dicen que estaba bien situado económicamente y que lo de que murió en la miseria es más leyenda forjada a partir de un mito que realidad. Otros dicen que se comió un filete en mal estado, y otros que se murió de alguna enfermedad tipo sífilis, derivada sin duda de su gusto por la variedad en cuanto a mujeres se refiere.

Yo no lo sé. Como comprenderéis no estaba allí.

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