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domingo, 30 de enero de 2011

El gran dueto para Cello y Piano, de Ustvolskaya.

El gran dueto para Cello y Piano fue escrito por la compositora Galina Ustvolskaya en Rusia, en 1959. En 1959 Rusia vivía un régimen comunista bastante cerrado. Ya conocemos todos la historia de Rusia y el telón de acero y la guerra fría y todo eso. El caso es que el régimen comunista exigía de los compositores un estilo concreto de música que debía hacerse e interpretarse. Shostakovich, por ejemplo, era un buen ejemplo de lo que se pedía desde el régimen. Cuando eras compositor tenías que hacer lo que te mandaban y no había libertad, por ejemplo, para experimentar con la música, o simplemente mantenerse al nivel de evolución de lo que se estaba haciendo en Europa. Por ese motivo, además de por el nivel de represión que se debía de vivir, y porque no todo el mundo tiene que estar de acuerdo con vivir en un régimen comunista, claro, muchos compositores de vanguardia (y no tan de vanguardia) emigraron de Rusia. Se fueron principalmente a Estados Unidos y a Europa. Pero nuestra compositora de hoy no quiso marcharse de Rusia. Quería vivir en Rusia. Había sido alumna de Shostakovich en su juventud, entre 1939 y 1947, cuando ella tenía entre 20 y 28 años. Parece ser que mientras mantenían esa relación de profesor-alumna, mantuvieron otra un poco más personal como amantes. La relación se rompió cuando Shostakovich le propuso matrimonio a Galina, momento en el que terminaron fulminantemente ambas relaciones. Luego Shostakovich se casó con otra muchacha mucho más joven que él, y tuvieron un hijo y una hija. La niña se llamó Galina, pero puede ser casualidad.

En 1947 Galina (la compositora, no la hija de Dmitri) empezó a enseñar composición en la universidad de San Petersburgo y mantuvo ese trabajo hasta su jubilación, al menos que yo sepa. Ella fue siempre una mujer muy opaca. Nunca concedió entrevistas, nunca dio una conferencia y nunca aceptó encargos. Sólo aceptó los encargos que que le 'proponía' el régimen soviético, pero a esos no se podía negar. Luego, cuando cayó el régimen, destruyó todas esas partituras y se opuso completamente a que fueran divulgadas. Ella solía hacer siempre lo mismo. Escribía una obra cuando le apetecía y después la guardaba hasta que llegaba el momento de divulgarla. Entonces organizaba el estreno, la estrenaba y la editaba. Si pasado un tiempo no llegaba ese momento, destruía la partitura.Y sólo cuando estaba muy convencida de algo lo presentaba. Por eso su producción parece bastante escasa. cinco sinfonías, seis sonatas para piano, este dueto, otro dúo para violín y piano, un trío y poco más. Además de la música escrita para el régimen, claro.

Este dueto es un pelín agresivo, pero es completamente coherente con el estilo de Galina, a saber, bloques sonoros que se repiten sin evolución aparente, motivo por el que sus contemporaneos la bautizaron como "La dama del martillo". Luego no hay evolución en el material, Galina simplemente pasa de un material a otro, o reexpone el primero. En este duetto podemos diferenciar cuatro bloques temáticos diferentes, que se corresponderían a cuatro movimientos diferentes dentro del mismo cuarteto, solo que ahora están aunados en un mismo movimiento. Quizá lo hizo para evitar la desconcentración que se produce entre movimiento y movimiento. Muchos compositores lo hacen.

¿Y qué más se puede decir? Que su música suele provocar rechazo en una primera escucha, pero hace falta repetir con los oídos abiertos. Ella decía que su música no es religiosa en un sentido literal del término, pero que sí está cubierta de un aura de espiriualidad. Y quizá sea así como hay que escucharla. Sin esperar de ella nada más que eso.

Espero que os guste tanto como a mí. He puesto una foto de una delicada cellista a propósito, buscando el contraste.

Aquí la tenés

viernes, 23 de enero de 2009

La sinfonía nº4, de Ustvolskaya


Pues sí, amigo Pool. Como bien dices, la señora Galina fue alumna de Dimitri Shostakovich, así que la obra de esta semana viene como anillo al dedo. Por lo visto, según dicen las malas lenguas, tuvieron algo más que una relación entre alumna y profesor, y parece ser que fue cuando Dimitri le pidió matrimonio, cuando ella, no sólo le dijo que no, sino que dejó de hablarle. Eso cuentan las viejecillas del lugar.

La música de esta mujer es tremendamente personal. Cuando escuchamos algo de Ustvolskaya por primera vez, tenemos la sensación de estar descubriendo un estilo de música totalmente nuevo. No se parece a nada que hayamos escuchado antes, y probablemente no se parezca a nada que escuchemos después. (A no ser, claro, que te enganche y decidas seguir escuchando más música de la misma compositora).

Es difícil hablar de su estilo. Ella nunca ha hablado de su música. Tampoco nunca ha aceptado un encargo, ni ha hecho apariciones públicas ni apenas existen fotos de ella. Visto así, es normal que sea tan poco conocida. Una vez, por fin, accedió a dar una conferencia para hablar de su propia obra. Parece ser que cuando subió al estrado, dijo algo así como: “Es difícil hablar sobre la música de uno... mi habilidad para componer música desafortunadamente no coincide con mi habilidad para hablar sobre ella...” y ahí terminó todo. En otra ocasión, también accedió a hablar de su música en Hamburgo, (a esta conferencia a punto estuve de ir yo) pero fue cancelada por motivos de salud. (Menos mal que aún no me había comprado el billete de avión…)



Una de las características más extrañas de su música, son las extrañísimas combinaciones instrumentales. Si habéis escuchado ya la pieza, os habréis encontrado, con una sinfonía para mezzo-soprano, trompeta, piano y tam-tam. Y esta combinación, en cualquier parte del mundo es, cuando menos, rara. Otra obra, composición 2, fue escrita, si la memoria no me falla, para ocho contrabajos, flautín y piano. El piano siempre suele ser una constante en su música.

Por otro lado, Galina Ustvolskaya era una mujer profundamente religiosa, y me atrevería a decir que profundamente mística. Toda su música está cargada de espiritualidad, aunque en una primera escucha nos pueda echar para atrás. Un crítico danés la calificó como “La dama del martillo” y es uno de los pocos ejemplos que conozco en que el volumen al que la escuchemos influirá profundamente en nuestra percepción de la obra. Para disfrutar de la música de esta compositora, es necesario poner el volumen al máximo. ¡Pero cuidado! Nos pueden echar de casa.

Su música es especialmente difícil de encontrar en tiendas. Por eso, y sin que sirva de precedente, añado un enlace con el video. De todas formas, si queréis comprar el disco, lo ha editado un sello que se llama “Etcetera” y trae además, la 5ª sonata para piano, el gran dueto para Cello y piano y el trío, de 1949 (esa es la versión que tengo más a mano). Eso sí, si decidís preguntar por él en una tienda, id preparados para deletrear: U-S-T-V-O-L-S-K-A-Y-A

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