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domingo, 19 de diciembre de 2010

Treno, de Penderecki


Hoy voy a empezar hablando de algo que no tiene nada que ver.

El otro día estaba charlando con mis alumnos del conservatorio en uno de esos ratos que quedan medio muertos entre una clase y otra clase. Comentábamos cómo en los años '50, las dos técnicas dominantes en la música de tradición clásica occidental eran el serialismo integral dominado por Boulez y Stockhaussen por un lado y el completo desorden caótico determinado completamente por el azar impulsado por John Cage por otro. Y hablábamos de como entre estas dos corrientes se repartieron prácticamente toda la música de los años '50. Claro que había más gente: Bernstein no tiene nada que ver con ninguno de ellos y Shostakovich tampoco, ni Elvis Presley, ni muchos otros, pero en la época se decía, o por lo menos así me lo imagino yo, que no llegarían lejos.

El caso es que nosotros empezamos a desvariar como suele hacerse en estos casos. Comentábamos el método para la obtención de oráculos, el I-Ching empleado por John Cage en la elaboración de, por ejemplo, Music of changes, y hablábamos de como dos músicas tan diferentes, el serialismo integral por un lado donde todos los parámetros musicales se estudiaban meticulosamente y la aleatoriedad, donde todos los parámetros musicales se dejaban al azar, tuvieran un resultado sonoro tan próximo entre sí. La verdad es que discutir esto es tremendamente delicado, puesto que en realidad los resultados sonoros no están tan próximos en la realidad, sino que ambos nos parecen alejados de nuestro propio lenguaje y por esa razón creemos que son cercanos el uno al otro. Por eso y porque ambos eluden una tónica dominante. El caso es que terminamos aventurando que el I-Ching bien podría haber orientado a John Cage sobre el tipo de música que se llevaba en la época y por eso la aleatoriedad de John Cage basada en los dados fuera tan similar al serialismo integral. Era una broma, evidentemente, pero uno de mis alumnos escribió en facebook: "Confucio fue el primer serialista integral" lo que desencadenó una de las discusiones cómico-musicológicas de las que más he disfrutado en los últimos tiempos.

No sé por qué, me acordé de esta anécdota pensando en Penderecki. Quizás porque era éste el ambiente que respiraba Penderecki en los últimos '50. O hacías serialismo integral o hacías aleatoriedad (aunque la aleatoriedad parecía estar reservada aún a los americanos, así como el serialismo integral estaba reservado a los europeos) o te convertías en un compositor de segunda. Sin embargo, tanto la música dodecafónica como la aleatoria ofrecían un resultado tremendamente monótono y gris, como si de repente todos los colores del mundo hubieran desaparecido y ni siquiera existieran las gradaciones. Luego se hicieron algunas cosas chulas, Gruppen de Stockhaussen es serialista-dodecafónica y es incluso bonita, diría yo, pero es cierto que lo que se hacía en la época podía resultar un poco monótono. El público lo pensaba así, y Penderecki fue llamado a crear algo dirferente. Él, al igual que Ligeti, empezó a trabajar con texturas. Cada uno en su país, puesto que aún no se conocían (creo) buscaron un acercamiento similar al hecho sonoro. Hicieron lo que se conoce como "música textural". Lo importante ya no era la melodía, ni la armonía, ni el ritmo, ni siquiera el timbre. Ahora lo importante era la textura. Una melodía gorda al principio, que engorda aún más, y luego sube y baja y empieza a adelgazar y se convierte en una rayita minúscula, y luego aparecen un montón de ruidos por ahí y luego vuelve otra vez la nota gorda... y al final termina. Ese es el resumen muy resumido de este Treno. Penderecki utiliza una orquesta de cuerda, que dentro de la variedad es de lo que menos rango tímbrico tiene. En ningún caso nos presenta una melodía que podamos cantar, y tampoco hay nunca un ritmo estable que se pueda seguir, o se pueda bailar, y para nada una armonía que nos lleve de un lado para otro. Nada. Sólo texturas. Y la verdad es que aunque la música textural suela gozar de la aceptación del gran público, esta pieza es un pelín dura. Quizá lo peor venga al principio, cuando todos los instrumentistas son instigados a tocar la nota más aguda y más fuerte que puedan, lo que asusta a mucha gente que no sigue escuchando más allá en la obra. Uno de los que más se asustaron, estaba en uno de los ensayos generales. Cuentan que le dijo a Penderecki:
-Macho, eso que has escrito se debe parecer a lo que escuchó la gente de Hiroshima cuando la bomba.
Y Penderecki decidió cambiarle el título de 8'37'' a Treno, lamentación fúnebre por la víctimas de Hiroshima. Seguramente pensaba que era más comercial. Y así fue. Cuando Pederecki escribió esta pieza, era un jovenzuelo que la presentó a un concurso de composición y ganó el tercer premio, pero después se hizo muy famoso, porque la obra era muy novedosa y todo el mundo ansiaba a que alguien hiciera algo nuevo que no fuera serialismo ni aleatoriedad, por lo que enseguida la gente empezó a escribir cosas sobre ella. Yo he leído muchas tonterias sobre ella que no voy a reproducir aquí. Así que, como siempre, voy a recomendaros escucharla con los oídos abiertos (cuidado con el volumen, que los vecinos se pueden molestar) atendiendo a las dirferentes texturas más que a las diferentes melodías, armonías y ritmos, y extraer una opinión personal.

Puede que guste, puede que no guste, pero lo que es innegable es que es diferente.
Y hoy tampoco subo la grabación, porque escribo desde el tren. Voy a buscar una grabación en youtube, y espero que no me llamen la atención.


Hasta la semana que viene!

viernes, 10 de septiembre de 2010

La pasión según S. Lucas, de Penderecki.


Hola chicos y chicas!
A ver que os cuento yo hoy...

Había una vez, hace mucho tiempo, un compositor al que le gustaba la vanguardia. Ese compositor había nacido en 1933 en un pueblo de Polonia, y después se fue a Cracovia a estudiar composición. Allí estudió con gente que no ha trascendido demasiado, como son Artur Malauwski y Stanislaw Wiechowicz. Estudió bastante la música de Boulez y la de Anton Webern y se dejó influir por ellos, aunque también se dejó influir por Stravinsky y, según dicen algunos críticos, por Bruckner.

Empezó componiendo en un estilo bastante vanguardista. Huyó del serialismo integral y se centró en las músicas texturales, además de realizar una investigación bastante profunda en el campo de las tecnicas instrumentales expandidas, que estaban naciendo por aquélla época. En 1959, saltó a la fama, porque escribió una pieza bastante agresiva que se llamaba "Treno, Lamentación fúnebre por las víctimas de Hiroshima". Todos los músicos importantes de aquélla época le acogieron como uno de los más vanguardistas, y se hizo bastante famoso entre el mundillo cerrado de los compositores de vanguardia. Cualquiera se podría haber acercado a la pieza, aunque no fuera músico, y disfrutarla (siempre que estuviera dispuesto a hacer un pequeño esfuerzo auditivo. (Suelo comparar este esfuerzo que tenemos que hacer para acercarnos a estas piezas tremendamente vanguardistas con el que hacemos cuando vemos una película gore, por ejemplo... "Saw" Sabiendo a lo que vamos y haciendo un pequeño esfuerzo podemos disfrutar la película. No evidentemente de la misma manera que disfrutaríamos "Blancanieves y los siete enanitos", pero nadie rechaza la película Saw.))

Bueno, volviendo al asunto. Que a Penderecki tampoco le gustó especialmente el resultado sonoro de las piezas tipo "Treno", y por otra parte quiso acercarse un poco más al gran público, así que desde los '60, comenzó a convertir su estilo en algo más accesible. La primera pieza de esta lenta metamorfosis fue precisamente la pasión según S. Lucas. Esta obra tiene aún elementos que podemos asociar a la vanguardia de los primeros '60. Secciones microtonales, secciones dodecafónicas, sonoridades texturales, que en muchos casos se relacionan con las texturas del requiem de Ligeti, también escrito en esa época... Sin embargo, el resultado auditivo está más bien cerca de el último romanticismo. De vez en cuando Penderecki nos suelta un pasaje claramente tonal, el final de la obra es un claro acorde de MiM, que deja a la vez con buen sabor de boca y con un regusto a ¿Qué está pasando aquí?

Fué bastante revolucionaria en la época, además de por todo esto, porque era una peiza abiertamente religiosa y abiertamente vanguardista, pero escrita en el contexto de la europa comunista, por lo que, casi por solidaridad, occidente (incluído el público) acogió con los brazos abiertos tanto a la pieza como al compositor.

Por otra parte, la pasión está escrita a la manera de las pasiones de Bach. Un recitador hace de evangelista, y los distintos solistas toman el rol de Cristo, Pilatos, San Pedro y otras figuras bíblicas. También, como curiosidad, os diré que la serie que utiliza para desarrollar el planteamiento dodecafónico tiene incluídas en el orden correcto las notas (en alemán) B-A-C-H. Y no es casualidad.

La pieza, escrita para Soprano, Barítono, Bajo, Narrador, órgano, coro de niños, coro de adultos y gran orquesta, está dividida en dos partes (parte 1 y parte 2) y es realmente espectacular.
No os dejéis engañar por eso de que es moderna y del año 1962.

Escuchadla.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Las siete puertas de Jerusalem, de Penderecki



Para comenzar el post de hoy, me remontaré al periodo antiguo. Antes incluso del imperio romano. La historia de esta pieza comienza, aproximadamente con la historia de la ciudad de Jerusalem. Yo no sé muchas cosas de historia, y muchas menos de historia antigua, pero algo he leído por ahí. Resulta que hace mucho tiempo, hubo un rey en Israel que se llamaba David. David se hizo famoso porque mató a un gigante malo que atemorizaba al pueblo, de una pedrada en la cabeza. Después de eso se hizo rey. Se supone que fue un rey justo, inteligente y amante de la música. De hecho muchos pintores lo han representado tocando una lira, e incluso una canción infantil lo nombra "Estas son las mañanitas que cantaba el rey David". Pero también se le atribuye la formación de un estado judío coherente con capital política y religiosa en Jerusalem.

3000 años después, Jerusalem seguía siendo la capital política y religiosa del estado judío. A los dirigentes políticos que había por aquélla época se les ocurrió celebrarlo encargando una obra musical a un compositor vivo. La idea, en el fondo era buena. Normalmente para hacer celebraciones políticas se encargan obras de música a compositores vivos, y gracias a eso la música contemporánea sigue existiendo, porque como ya sabemos todos, este tipo de música es, por definición, deficitaria. Lo curioso del caso, es que teniendo compositores en Israel, lo normal hubiera sido encargar la pieza a un compositor de allí. Pero no sé muy bien por qué, la pieza para celebrar los 3000 años de la ciudad se la encargaron a un compositor polaco. A Krysztof Penderecki.

Krysztof Penderecki había nacido en un pueblecito polaco en 1933. Sus primeras obras se enmarcaron dentro de la vanguardia de aquélla época. De hecho se le relaciona bastante con Ligeti, puesto que ambos trabajaban con sonoridades texturales renunciando un poco a cuestiones de pulso y melodía. Quizá la pieza más importante y famosa de Penderecki sea "Treno, lamentación fúnebre por las víctimas de Hiroshima" que si bien no es una pieza descriptiva, transmite muy bien lo que dice su título. De hecho cuenta la leyenda que puso el título a posteriori, cuando alguien le dijo: "Macho, eso que has escrito se parece a lo que debieron de oir las víctimas de Hiroshima". Pero dejamos Hiroshima. Cuando Penderecki cumplió unos 40 años (más o menos) su estilo comenzó a cambiar y pasó a ser algo más melódico y menos disonante. Mucho le echaron en cara entonces que se estaba vendiendo al sistema y tal y cual. Penderecki decía que era un cambio que le apetecía hacer. Hace mucho tiempo, estaba yo a pensando en comprarme una de sus sinfonías en un centro comercial cuando un hombre que pasaba por allí me regañó por comprarme una sinfonía de Penderecki. -¡Eso es basura!- me decía. Menos mal que no le hice caso...

Para el oratorio de hoy, Penderecki decidió hacer una obra grande. Tan grande como la octava sinfonía de Mahler. Utilizó también una orquesta gigante, ocho solistas, y tres coros mixtos. Toda la obra hace referencia al número 7. Las siete puertas de Jerusalem. Tiene siete movimientos, frases de 7 notas, el número 7 está presente continuamente. Mucha gente nos dirá que Jerusalem en realidad tiene 8 puertas, pero el problema es que la octava puerta está tapiada y no se puede pasar por ahí. Parece ser que la profecía dice que el mesías entrará por esa puerta; entonces alguien decidió tapiarla y poner un cementerio delante para ponérselo dificil. Por eso tenemos que entender que son siete. Penderecki cogió textos bíblicos. Los escribió todos en latín excepto el 6º, punto climático de la pieza, que está en hebreo. Tomó textos sobre todo del libro de los salmos, pero también de Isaías, Jeremías, Daniel, y para este 6º movimiento, de Ezequiel, capítulo 37.

Yo tengo una teoría, no comprobada, por la que uno podría pasear por la ciudad antigua, de puerta en puerta escuchando este oratorio, y la duración de cada uno de los movimientos, coincidiría con el tiempo que tarda en llegar de una puerta a la siguiente. Habría que saber, por supuesto, por donde empezar.

La pieza fue escrita entre Abri y Diciembre de 1996 y estrenada en Jerusalem el 9 de Enero de 1997. Después de su estreno Polaco unos meses después, a Penderecki se le ocurrió llamarla "Sinfonía nº7". Es curioso, porque todavía no ha escrito la sinfonía nº6 ¡Pero sí la ocho!

Por cierto, espero que paséis todos un feliz y espectacular 2010. Y que colaboréis más con este blog en forma de comentarios. ;-)


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